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Decreto de Dios - Cristianos Educados

El decreto de Dios: Su plan eterno y soberano

Publicado el 19/02/202619/02/2026 Por Carlos De Oliveira 1 comentario en El decreto de Dios: Su plan eterno y soberano

¿Qué es el decreto de Dios?

Cuando se habla acerca del decreto de Dios, se está haciendo referencia al plan eterno mediante el cual, Dios ha determinado todos los eventos del universo, pasados, presentes y futuros, ordenados previamente para su propia gloria. Aunque podría parecer que existen múltiples decretos distintos, estos constituyen realmente un único decreto reducible a un propósito o plan. Nos parecen varios simplemente para que en medio de nuestra comprensión humana limitada podamos asimilarlos, ya que el ser humano no puede abarcar en un solo acto de comprensión una cantidad infinita de sucesos en todas sus relaciones, sino que está obligado a estudiarlos parte por parte.

El decreto de Dios se orienta hacia una meta superior: la glorificación de Su nombre divino, especialmente respecto a sus criaturas, los ángeles y hombres. Un aspecto crucial es que existe un orden en el decreto de Dios y sus diferentes partes no están aisladas entre sí, pero nunca puede tratarse de un orden temporal. Por ejemplo, si Dios determina permitir el pecado, necesariamente unido a eso es que habrá castigo, porque su justicia así lo exige.

Importantemente, aunque el decreto pertenece principalmente a los actos de Dios mismo, no está limitado a estos, sino que también abraza las acciones de sus criaturas libres, y el hecho de que estén incluidas en el decreto las hace absolutamente ciertas. Sin embargo, Dios incluyó en su decreto actos pecaminosos de sus criaturas racionales, pero no decidió efectuarlos por su cuenta; este aspecto se denomina generalmente como el decreto permisivo de Dios, que permite que sucedan por el libre albedrío de las criaturas racionales.

¿Cómo entenderlo mejor?

El Catecismo Abreviado de Westminster en su pregunta 7, menciona lo siguiente “es su propósito eterno, según el consejo de su voluntad, por medio del cual, para su gloria, él ha predeterminado todo lo que ha de suceder”.

Por lo tanto, el decreto de Dios se relaciona a Sus actos y que no pueden estar fuera de Su propio Ser. De esta manera, Dios no tiene más que un plan. El ve todas las cosas de una vez, y no hay ninguna posibilidad de que el plan sea cambiado por omisiones o adiciones, con Dios hay un decreto inmutable.

Hay que observar que Dios formó Su decreto en la eternidad, aunque ese decreto se ejecuta en el tiempo que Dios ha establecido. Por ejemplo, Cristo fue destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los posteros tiempos, 1 P. 1:19-20 “’sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,”

“Dios no quiere una cosa ahora y otra luego; sino una, y siempre, él quiere las cosas que quiere; no ahora esto, ahora aquello; ni quiere después de lo que antes no quería, ni tampoco no quiere lo que antes quería; porque Su voluntad es inmutable. Agustín de Hipona.

¿Hay alguna razón para esto?

Si, hay una razón digna para todo lo que Dios ha hecho o ha de hacer. Aún su permisión del mal, como la ira del hombre, será hecha para alabarle (Sal 76:10). De esta misma manera el decreto de Dios es libre, por lo tanto, nadie puede aconsejar a Dios en lo que tiene o no tiene que hacer (Is 40:13-14). Y su ejecución no puede ser suspendida por condiciones que pueden o no surgir.

Dios tiene el poder sobre cada voluntad para hacer que se cumpla Su buena voluntad. “Que anuncio el porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho, que digo: mi consejo prevalecerá, y haré todo lo que quiero” (Is. 46:10). “Que hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Ef 1:11).

¿Qué sucede con el libre albedrío?

Las Escrituras, mientras reconocen una libertad de acción en el hombre, no obstante, afirman que el hombre no está exento del control de Su Creador. Se puede decir que Dios conoce cuales serán los actos de los hombres cuando se ponen bajo ciertas circunstancias.

Dios sabía que Adán puesto bajo ciertas circunstancias que obtuvo, caería. Dios podía haber arreglado el asunto de otro modo, pero no lo hizo.

La cuestión en cuanto a la relación entre la responsabilidad divina y humana es compleja sobremanera.

Si Adán hubiera obedecido a Dios como EL le había ordenado, no hubiera habido necesidad de un Redentor; sin embargo, todavía el Redentor tanto como la necesidad de Él estaban evidentemente en el decreto de Dios por toda la eternidad. “’Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” (Ap. 13:8).

El más grande problema emerge cuando el hombre dirige sus pensamientos a la soberanía de Dios. Por lo tanto, estos problemas jamás se resuelven minimizando a Dios, la santidad, el pecado o la responsabilidad humana.

¿Es difícil entender esta doctrina?

La doctrina del decreto divino en sí misma no introduce nada misterioso o profundo. Declara que Dios diseña y decide antes de actuar, y que todos sus actos están en armonía con su carácter perfecto y con sus atributos.

De esta manera entendemos que, Su decreto es el “consejo de su voluntad”. Estos términos ciertamente significan que Dios actúa únicamente de acuerdo con un propósito eterno, el que reúne todas las cosas.

Diferencias que hay que tener en cuenta

Es esencial distinguir entre decreto y predestinación, y entre predestinación y elección y retribución.

  1. Decreto. Abarca todo lo que fue y lo que está en el futuro. Cuanto habrá de acontecer en el tiempo fue decretado desde la eternidad, sea bueno o malo, sea grande o pequeño, ya sea efectuado directamente por Dios o indirectamente por medio de sus agencias. Ahora, con respecto a aquello de diferenciar las cosas buenas de las cosas malas, usualmente se hace una discriminación, la buena es por ordenación de Dios, mientras que lo malo es por el acto permisivo de Dios. De este modo entendemos que, el decreto divino abarca el acontecimiento entero del universo incluyendo las cosas materiales y las inmateriales.
  2. Elección. Es más estrecha en su significado que predestinación, ya que se refiere sólo a los que están en buenas relaciones con Dios y destinados para eternas bendiciones.
  3. Retribución. Es lo opuesto a la elección, es la designación que incluye a todos los que no son elegidos.

Conclusión

La santidad y el pecado ahora están en disputa y la duración de este conflicto está restringida a esa inconcebible fracción de la eternidad que representa el tiempo.

Las Escrituras afirman la indefectible soberanía de Dios. Ahora, es necesario prestar atención a los problemas que engendra el tema de la soberanía divina.

Cuando se está en los límites entre lo finito y lo infinito, entre el tiempo y la eternidad, entre la perfecta e irresistible voluntad de Dios y la importante y pervertida voluntad humana, entre la gracia soberana y el pecado merecedor del infierno, quién entre los hombres es demasiado orgulloso para no exclamar: ¿Hay algunas cosas que yo no entiendo?

Estas cuestiones son difíciles en gran parte a causa de los limitados conocimientos de la mente humana cuanto, al carácter esencial del pecado, alcance de la voluntad humana al compararse con la voluntad divina, y del verdadero y final propósito de Dios.

Teología Propia Etiquetas:decreto de Dios, Dios, eleccion, humanidad, libre albedrío, Pecado, voluntad, voluntad de Dios

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Comentario (1) on “El decreto de Dios: Su plan eterno y soberano”

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