Argumentos a favor del arrepentimiento con una advertencia a los que no se arrepienten
1. El mandamiento soberano de Dios

“Dios manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). No es una opción: arrepentirse o no es un mandamiento ineludible.
Dios ha promulgado una ley en el Tribunal Supremo del cielo que ningún pecador será salvo excepto el pecador arrepentido y Dios no quebrantará su propia ley.
“Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; que guarda misericordia a millares, de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34:6-7).
Aunque Dios tiene más misericordia que luz el sol, no perdonará al pecador mientras continúe en su culpa: “¡De ningún modo tendrá por inocente al malvado!”.
2. La naturaleza pura de Dios impide la comunión con una criatura no arrepentida

Hasta que el pecador se arrepienta, Dios y él no pueden ser amigos. “Lavaos y limpiaos” (Is. 1:16). Entonces, dice Dios, voy a dialogar con vosotros: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta” (Is. 1:18); de lo contrario, no os acerquéis a mí: “¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14). “Yo no justificaré al impío” (Éxodo 23:7).
Si Dios estuviera en paz con un pecador antes de arrepentirse, daría la impresión de que a Dios le gusta todo lo que ha hecho y lo aprueba. Dios estaría actuando en contra de su propia santidad.
Es incompatible con la santidad de la naturaleza de Dios perdonar a un pecador mientras todavía está en el acto de rebelión.
3. Los pecadores que persisten en no arrepentirse están fuera de la comisión de Cristo

“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí; me ha enviado a vendar a los quebrantados de corazón” (Is. 61:1). “A este, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento” (Hch 5:31).
4. Hemos sido injustos con Dios con el pecado

Por el pecado, hemos sido injustos con Dios. Hemos infringido su ley. Y es razonable hacer tan restauración. Por el arrepentimiento nos humillamos y nos juzgamos a nosotros mismos por el pecado.
5. Si Dios salva a los hombres sin arrepentimiento, sin discriminar, entonces debe salvarlos a todos

Hay dos tipos de personas a las que les resultará más difícil arrepentido que a otras:
1. Las que han estado sentadas mucho tiempo bajo el ministerio de las ordenanzas de Dios, pero no han mejorado en absoluto. “Produce espinos y abrojos es reprobado, está próxima a ser maldecida” (He. 6:8). Dios ha enviado a sus ministros uno tras otro, exhortando y persuadiendo a las personas que dejen sus pecados, pero se sientan en el poso de la formalidad, les costará llegar al arrepentimiento.
2. Las que han pecado frecuentemente contra los juicios de la palabra, los controles de conciencia y los movimientos del Espíritu. La conciencia a estado presente como el ángel con una espada de fuego en la mano. Ha dicho: “No hagáis este gran mal”; pero los pecadores no respetan la voz de la conciencia. A estos no les resultará fácil arrepentirse: “Ellos son los rebeldes a la luz” (Job 24:13).
Una reprensión para los que no se arrepienten

“No hay hombre que se arrepienta de su mal” (Jer. 8:6). Los corazones de los hombres se endurecen como el mármol: “y pusieron su corazón como diamante” (Zac. 7:12). Leemos que cuando Cristo vino a Jerusalén, “comenzó a reconvenir a las ciudades porque no se había arrepentido” (Mt. 11:20).
La queja del profeta es triste: “los azotaste, y no les dolió; los consumiste” (Jer. 5:3). “Además el rey Acaz en el tiempo que aquel le apuraba, añadió mayor pecado contra Jehová” (2 Cr. 28:22).
De la misma manera que Dios mora en dos lugares, el cielo y el corazón humilde, el diablo también mora en dos lugares, el infierno y el corazón duro. No nos condenamos por caer en el pecado, sino al permanecer en él sin arrepentimiento: “teniendo cauterizada la conciencia” (1 Tim. 4:2).
